Devocional Nº 196

Mi Familia

MARCOS 3

La blasfemia contra el Espíritu Santo

20 Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. 21 Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí. 22 Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. 23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. 25 Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. 26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. 27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa. 28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. 30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.

La madre y los hermanos de Jesús

31 Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. 32 Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. 33 Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? 34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 35 Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

Seguramente una situación muy incómoda para la familia de Jesús. A pesar de los vínculos naturales con su madre y hermanos, Jesús reconoce como sus familiares los que siguen la voluntad de Dios (v.35). Esta es un dilema que tenemos que resolver en continuos cruces en el camino de la vida cristiana: ¿A quién queremos agradar? ¿Quiénes son nuestros íntimos? ¿Con quién estamos más comprometidos: con las personas que nos quieren o con la Palabra? Si quieres a las personas, tráeles sanidad con la Palabra, aunque duela inicialmente. Puedes temer perder amigos, pero es más temible perder la amistad con Jesús.

¿Te cuesta transmitir a alguien la voluntad de Dios por el temor que produzca algún daño? ¿Temes perder su amistad? ¿Ha estado en riesgo por esto tu popularidad? En ese tema… cuando estás ante la Presencia de Dios… ¿Cómo te sientes? ¿Quiénes consideras “tu hermano, hermana y madre” por hacer la voluntad de Dios?

Señor, dame sabiduría para entender Tu Voluntad, y amor para trasmitirla a las personas que pones ante mí. Rodéame de personas con un alto compromiso por hacer Tu voluntad, ellos también son “mi hermano, mi hermana y mi madre”. Gracias Señor por Tu amistad. No hay nada que deseo más.